OTRA LECCIÓN CHARRÚA: BRASIL 2-2 URUGUAY

BRA URU

Luis Suárez reaparecía con la Celeste en el clásico de los clásicos en Sudamérica. Después de aquella dentellada a Chiellini contra Italia en la Copa del Mundo, fue sancionado de una manera durísima que no le ha permitido reaparecer hasta hoy. Mejor partido imposible. Uruguay solo ha ganado una vez en tierras brasileñas a los anfitriones en partido oficial, sí, en 1950, en el partido que cambió la historia del fútbol.

El fantasma del 50 sobrevuela Brasil cada vez que se enfrentan los dos enemigos eternos pero cierto es, que no se ha vuelto a repetir. La canarinha, siempre bajo sospecha en los últimos tiempos y por razones obvias, salió a perderle el respeto a los vecinos. Tanto fue así que Douglas Costa hizo el primero con apenas 40 segundos de partido. Ni Godín ni Giménez podían contar para Tabárez y eso es una losa muy grande. La primera media hora de Brasil fue de las mejores en los últimos años. Con Neymar haciendo de las suyas, volviendo loca a toda la zaga y con Renato Augusto que firmó un gol de museo muy parecido a los que hacía Ronaldo, el compatriota, con regate sin balón en una baldosa. Si hay algo que sabemos los amantes de este deporte, es que a Uruguay no se le puede dar por muerto nunca. Con nada te complica y así hizo Cavani para descontar. Incluso dispusieron de alguna para empatar. Con muy poquito, la Celeste te podía levantar el partido.

BRA URU 2Y pasó lo que a cualquier autor de novelas de terror le gustaría contar. El renacido Luis Suárez, el tiburón charrúa, empató el encuentro. Los azul cielo son un ejército entrenado a la perfección y que nunca se rinde. Tenga muchas o pocas balas en la recámara, tenga los tanques de guerra antiguos, da igual, siempre pelea hasta el final. Es la garra, la lucha, la raza de un pequeño país que nace, vive y muere por el fútbol. Y siempre de la misma manera, luchando. Es un ejemplo de la propia vida. Y tuvo para ganar y varias. En las botas de Suárez tuvo el tercero y también Stuani quiso ser el máximo protagonista, mientras el miedo hacía temblar los cimientos brasileños. Se libró la canarinha de una derrota durísima, pero que hubiera sido merecida.

El ejército celeste volvió a demostrar de qué pasta está hecho. La primera media hora de Brasil fue un espejismo de luz y color y sucumbieron ante la temida Uruguay, que dio otra lección de cómo se debe competir en una cancha de fútbol.

Juan Lorenzana Prieto

@juanlp91

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